¿Todavía necesitamos la fotografía en blanco y negro?

Anochecer en Bad Tölz

Paisaje invernal tras la puesta de sol

Lo sé, soy de la vieja escuela. Yo aprendí sobre fotografía en la década de los ochenta (sí, del siglo pasado), y durante unos años llegué a revelar mis propias fotos en casa. Todo el proceso era casi mágico, siguiendo los pasos escrupulosamente en la oscuridad, viendo cómo podía producir algo nuevo en casa. 

La teoría (clásica…) decía que el blanco y negro servía para aislar los objetos de su entorno, para abstraer al espectador de toda esa «molestia» del color, que distraía la atención. La fotografía en blanco y negro permitía resaltar texturas, patrones, ritmos visuales… Grupos de fotógrafos, liderados por Ansel Adams, apostaban por exprimir al máximo las posibilidades de la película, estirando las imágenes en todo el rango dinámico disponible, definiendo cálculos y procedimientos complejos para llegar a producir la fotografía «perfecta». 

Pero, ahora, cuando mis hijos me ven trabajar en mis fotografías, me preguntan por qué las hago «grises», que parezcan viejas. Y, de vez en cuando, me hacen pensar… Y no, no es que yo reniegue del color, ni mucho menos. De hecho, recientemente he estado jugando con las posibilidades creativas de la edición digital de imágenes en color – incluso con colores falseados. 

Pero claro, muchas redes sociales también permiten aplicar filtros de color a las fotografías antes de compartirlas. La mayoría de los usuarios persigue la inmediatez, quieren tenerlo todo para ayer, y no necesitan saber cómo se consigue tal o cual resultado. Así que, descartando el pasar horas en un laboratorio con productos químicos, la gente tampoco está dispuesta a pasar un tiempo delante de su ordenador, intentando crear interpretaciones alternativas para sus fotografías. 

¿entonces…?

Sí, no te preocupes. Ya tengo asumido que soy algo parecido a un dinosaurio. Cada vez veo a menos gente con una cámara réflex al hombro. Los teléfonos móviles hacen fotos cada vez mejor, con toda esa «Inteligencia Artificial» que llevan dentro. Pero, al final, haces las fotos que quiere hacer el teléfono. Todo se ha convertido en un proceso demasiado automatizado, mecánico. 

Y aquí es donde tengo mis pequeños puntos de «rebeldía». Por un lado, tengo el apartado lúdico en mi cuenta de Instagram @albertoconcosasenlacabeza, en la que me incluyo dentro de mis fotos turísticas de una forma creativa (no te olvides de seguirme allí). Pero, por otro lado, he continuado con mis ediciones en blanco y negro, en este caso con un estudio digital – desde este mismo ordenador en el que escribo esta entrada. 

Fotografía de una bicicleta antigua, simulando una foto vieja

Edición fotográfica «tradicional»

Para mí, la edición digital es casi una terapia, con la que me aíslo del mundo exterior y me relajo, intentando ver un punto de vista alternativo en mis fotografías, revisitándolas cada cierto tiempo. Y, poco a poco, creo que estoy alcanzando un buen nivel como aficionado «avanzado». 

En paralelo, llevo casi diez años publicando libros de diferentes temas. De hecho, comencé con uno sobre, precisamente, conversión a blanco y negro. Hay muchos motivos para ellos. El más terrenal, si lo quieres ver así, es la posibilidad de tener unos ingresos pasivos como royalties derivados de la cesión de los derechos de publicación y venta, que recibo desde Amazon y media docena de tiendas de Internet. El otro motivo, más romántico, es el que me gusta enseñar lo que hago y cómo lo hago. No tengo ningún problema en que otras personas editen sus fotografías – o incluso vendan sus libros. 

Incluso me atrevo a decir que hay un motivo (este, egoísta) más: Estos libros también me sirven a mí para no olvidar algunas técnicas que uso raramente. Son una forma de «apuntes» o notas, que yo mismo recupero más adelante si quiero aplicarlas de nuevo. 

Portada de "Blanco y Negro con GIMP" (ed. 2022)

Portada de «Blanco y Negro con GIMP» (ed. 2022)

Pues bien, a partir de todos esos motivos, y con la excusa del lanzamiento de nuevas versiones de mi programa de cabecera (GIMP), me he decidido a publicar una actualización de aquél primer libro, titulado ahora «Blanco y Negro con GIMP» (el original, aún incluía el artículo en «The GIMP»), en el que te presento algunas de las nuevas características de GIMP y mi proceso actual de edición, con un montón de ejemplos paso a paso. Las imágenes incluidas en este post están desarrolladas en ese libro, también. 

El libro estará disponible en unos días en formato físico con impresión bajo demanda. Si nadie lo pide, no se imprime, lo que es una ventaja desde el punto de vista ambiental. 

Vuelve pronto por aquí: Te informaré puntualmente de cómo conseguir este libro… 

Pero…

Y sí, respecto a la filosofía «original» de la fotografía en blanco y negro: Reconozco que el proceso monocromo era relativamente sencillo, y quizá por eso se hizo tan popular en la segunda mitad del Siglo XX, a pesar de la expansión de la fotografía en color. 

Pero, además, todos esos argumentos a favor de la eliminación de los elementos de distracción, incluyendo el color, son perfectamente válidos hoy en día. Al menos, para mí, para las ocasiones en las que ciertos componentes de una fotografía (repeticiones, patrones, texturas…) deben tomar un protagonismo especial. Así que seguiré produciendo imágenes monocromas durante un buen rato. Eso sí, hay ciertos apartados, como el de la visibilidad (o no) del grano, que siguen siendo discutibles. Aunque se pueden añadir en un proceso posterior, soy de la opinión de que la tecnología moderna no los necesita… ¿Qué piensas?

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